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Mis fotografías viajarán a París, pero mis principios no están en venta.

Los próximos días 23, 24 y 25 de octubre de 2026, dos de mis obras estarán presentes en ART SHOPPING París, en el emblemático Carrousel du Louvre. Una oportunidad que me hace especial ilusión como fotógrafo y que supone un nuevo paso en mi trayectoria artística.

Hace apenas unas horas he recibido un comunicado de ARTBOXY informando de que, pese a las protestas y los disturbios registrados en París, la feria mantiene sus fechas previstas y, por el momento, no hay ninguna cancelación anunciada.

Pero quiero aprovechar esta circunstancia para expresar algo que considero mucho más importante que mi participación en cualquier exposición.

Si la feria tuviera que cancelarse, no me preocuparía en absoluto.

Y no lo digo porque no valore la oportunidad que se me presenta. Lo digo porque hay cosas que están muy por encima de cualquier logro profesional.


Las personas antes que los intereses económicos

Estamos viviendo tiempos convulsos. En Francia, en España y en otros lugares, la ciudadanía expresa su malestar ante una realidad que cada vez resulta más difícil de aceptar para una parte importante de la sociedad.

Especialmente para los más jóvenes, a quienes se les exige construir un futuro mientras ven cómo se precariza el empleo, se dificulta el acceso a una vivienda digna y se deterioran servicios esenciales para el bienestar colectivo.

Llevamos demasiado tiempo escuchando discursos sobre sacrificios, ajustes y recortes. Demasiadas veces, esos sacrificios recaen sobre quienes menos tienen, mientras los intereses económicos siguen ocupando el centro de muchas decisiones políticas.

Y creo que tenemos derecho a preguntarnos hasta cuándo.

¿De qué sirve hablar de crecimiento económico si cada vez hay más personas que tienen dificultades para vivir dignamente? ¿Qué sentido tiene presumir de progreso si una parte de la sociedad siente que su futuro se aleja cada día un poco más?

Para mí, el bienestar de las personas debe estar por encima de cualquier indicador económico, de cualquier beneficio empresarial y de cualquier interés político.

La economía debe estar al servicio de la sociedad. Nunca debería ser la sociedad la que viviera al servicio de los intereses económicos.

El derecho a protestar no se negocia

Quiero dejar clara mi postura: defiendo el derecho legítimo de la ciudadanía a manifestarse, a expresar su descontento y a reclamar cambios cuando considera que las cosas no funcionan.

Protestar es una forma de hacerse escuchar. Es recordar a quienes toman las decisiones que la sociedad no es un espectador pasivo y que los ciudadanos no deberían limitarse a aceptar como inevitable todo aquello que condiciona sus vidas.

Defender ese derecho no significa respaldar automáticamente todas las acciones que puedan producirse durante una protesta. Significa reconocer que la movilización ciudadana tiene un lugar fundamental en una sociedad democrática y que las reivindicaciones sociales merecen ser escuchadas.

No podemos pedir silencio a quienes sienten que están perdiendo derechos. Tampoco podemos esperar que las nuevas generaciones contemplen sin reaccionar un futuro que perciben cada vez más incierto.

Una sociedad que deja de cuestionarse las injusticias corre el riesgo de terminar aceptándolas como algo normal.

Y yo no quiero acostumbrarme a eso.

El arte también tiene una responsabilidad

Mi vida profesional gira en torno a la fotografía. Es mi trabajo, mi manera de expresarme y una parte esencial de quién soy.

Sé lo que significa luchar por una oportunidad, trabajar durante horas en una imagen, construir un proyecto y sentir la emoción de ver cómo una obra llega a lugares que nunca imaginaste.

Por eso valoro tanto la posibilidad de exponer en París.

Pero también creo que el arte pierde una parte de su sentido cuando se desentiende por completo de la realidad que lo rodea.

El arte puede emocionar, incomodar, denunciar, cuestionar y abrir conversaciones. Puede ayudarnos a mirar desde otra perspectiva aquello que hemos terminado aceptando sin preguntarnos por qué.

No creo que un artista tenga que convertir cada obra en una declaración política. Tampoco creo que deba posicionarse públicamente sobre todos los acontecimientos que suceden a su alrededor.

Pero sí creo que tenemos derecho a expresar nuestras convicciones y que nuestra voz no debería quedar subordinada al miedo a perder una oportunidad.

En mi caso, tengo muy claro dónde está la prioridad.

Prefiero perder una exposición antes que perder la capacidad de defender aquello en lo que creo.

Y quiero pensar que no tendría que elegir entre ambas cosas.

Si París espera, habrá otros caminos

Mis dos fotografías siguen teniendo una cita prevista con París. Me ilusiona que mi trabajo pueda ser contemplado por personas de otros países y que siga abriéndose camino en el panorama artístico internacional.

No reniego de esa ilusión. Al contrario, la valoro.

Pero si las circunstancias obligasen a cancelar la feria, lo aceptaría.

Habrá otras exposiciones, otros proyectos, otras oportunidades y otras fotografías por crear. El camino de un artista no termina porque una puerta se cierre, por importante que sea.

Lo que no quiero es vivir en una sociedad en la que nos preocupe más perder una oportunidad profesional que perder derechos sociales. Una sociedad en la que el éxito individual termine siendo más importante que las condiciones de vida de quienes nos rodean.

Porque ninguna exposición, ningún premio y ningún reconocimiento internacional pueden justificar que olvidemos lo esencial.

Las personas que luchan por una vida digna no deberían ser consideradas un obstáculo para que todo siga funcionando como siempre.

A veces, precisamente, es necesario que las cosas dejen de funcionar como siempre para que algo pueda cambiar.

Mis principios no dependen de dónde exponga

Escribo estas palabras como fotógrafo, como profesional y, sobre todo, como ciudadano.

No pretendo dar lecciones a nadie ni convencer a todo el mundo de que piense como yo. Simplemente, quiero expresar una convicción personal que considero importante compartir.

Me hace ilusión llevar mis obras a París. Estoy orgulloso del camino recorrido y de las oportunidades que van surgiendo. Pero mi compromiso con la fotografía no me obliga a permanecer al margen de lo que sucede en la sociedad.

Y mi deseo de seguir creciendo profesionalmente no está por encima de mi manera de entender el mundo.

Si la feria se celebra, allí estarán mis fotografías.

Si finalmente se cancela, seguiré adelante.

Porque las obras pueden esperar. Las oportunidades pueden volver. Los reconocimientos pueden llegar en otro momento.

Pero los derechos, la dignidad y el bienestar de las personas no deberían quedar nunca en un segundo plano.

EL ARTE PUEDE ESPERAR. LOS DERECHOS, NO.

Y las personas, siempre, por encima de los intereses económicos.


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