Hay sesiones que simplemente se fotografían y otras que terminan convirtiéndose en una experiencia artística y emocional difícil de explicar. Efímera nació de una conexión muy especial entre María Hernández Rueda y yo, Jorge Kánovas. Desde el primer momento existió una complicidad creativa que hizo que todo fluyera de manera natural, permitiéndonos construir una serie íntima, elegante y profundamente atmosférica.
Con esta serie quería explorar una belleza diferente: más oscura, más silenciosa y cargada de misterio. La estética gótica, los tonos profundos y la iluminación tenue fueron elementos fundamentales para crear un universo visual donde cada imagen transmitiera sensibilidad y fuerza al mismo tiempo. María aportó una presencia increíble frente a la cámara; cada mirada y cada gesto ayudaron a dar vida a esa dualidad entre delicadeza y oscuridad que define Efímera.
Para mí, estas fotografías no son únicamente retratos. Son fragmentos de una emoción compartida, pequeños instantes suspendidos en el tiempo. Trabajamos buscando una estética minimalista pero intensa, donde el encaje negro, las sombras y el fondo rojizo envolvieran la escena con una sensación casi cinematográfica.
Lo más importante de esta serie fue la confianza mutua durante el proceso creativo. Esa conexión permitió que las imágenes surgieran de forma honesta, sin artificios, dejando espacio para la expresión, la intuición y la sensibilidad. Creo que ahí reside la esencia de Efímera: en capturar algo fugaz y transformarlo en una imagen capaz de permanecer.
Con esta serie quise demostrar que la oscuridad también puede ser elegante, delicada y profundamente humana.





