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Este retrato forma parte de un proyecto personal sobre la memoria y los personajes que han construido la identidad de Villena. La fotografía es, para mí, una forma de preservar esas historias y mantenerlas vivas en el presente.

Llevaba tiempo queriendo hacer un retrato de alguna persona de calado importante en la vida de Villena. No solo alguien conocido, sino alguien que formara parte del imaginario colectivo del pueblo, de esas figuras que, sin estar en los libros de historia, han quedado grabadas en la memoria popular.

Para ello contacté con Virtu Ribera, sabiendo que ella me iba a orientar por el buen camino. Y no tardó en hacerlo: rápidamente me propuso dar vida a Pepeta Amorós. A partir de ese momento empecé a sumergirme en su historia, y cuanto más leía sobre ella, más fascinante me parecía.

Pepeta Amorós fue una figura muy querida en Villena. Bien posicionada económicamente, vivía en el Paseo Chapí y era conocida por su carácter generoso y su especial cariño por los niños, a quienes repartía dulces y caramelos desde la puerta de su casa. Una de esas personas que, sin proponérselo, se convierten en parte del paisaje emocional de una ciudad.

Pero además de esa imagen entrañable, su nombre está ligado a una anécdota que forma parte del folklore festero local: su intervención fue clave para salvar la “vida” de la Comparsa de Estudiantes en un momento crítico de su historia. Una comparsa que, por cierto, es una de las más antiguas de las Fiestas de Moros y Cristianos de Villena, con orígenes que se remontan al siglo XIX y que llegó a desaparecer temporalmente para resurgir con fuerza años después.

Pepeta Amorós fue una figura muy querida en Villena. Bien posicionada económicamente, vivía en el Paseo Chapí y era conocida por su carácter generoso y su especial cariño por los niños, a quienes repartía dulces y caramelos desde la puerta de su casa. Una de esas personas que, sin proponérselo, se convierten en parte del paisaje emocional de una ciudad.

Para este proyecto, además, hemos querido mezclar el retrato de Pepeta con una bodega actual, Casa Balaguer, creando un diálogo visual entre la memoria histórica y la Villena contemporánea. La idea era conectar pasado y presente en una misma imagen, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo.

¿Quién encarnaría a Pepeta Amorós para este retrato? Pues la propia Virtu Ribera. No solo me ayudó con la investigación y el enfoque, sino que también posó para mí, metiéndose al 100 % en el papel y aportando una sensibilidad especial al proyecto. Gracias a ella, este retrato no es solo una recreación estética, sino un pequeño homenaje a la memoria de Villena y a sus personajes anónimos pero imprescindibles.


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