Hay trabajos que no se olvidan, no solo por el resultado final, sino por todo lo que los rodea. Hoy quiero volver a uno de esos proyectos especiales: la sesión fotográfica realizada para la reconocida diseñadora Ruth Durendez, cuyo universo creativo ha vestido a artistas como Ara Malikian o Rodrigo Cuevas.
Un trabajo en el que la moda, el paisaje y la fotografía dialogaron de forma honesta y sin artificios.Para esta sesión conté con la complicidad y la fuerza expresiva de Natalia y Alexandra, dos modelos capaces de habitar el espacio y el vestuario con una naturalidad magnética. A ello se sumó el impecable trabajo de Marisa, cuyas manos en peluquería aportaron el equilibrio perfecto entre lo orgánico y lo construido.
El escenario fue el embalse de Santomera, una mole de hormigón olvidada para muchos, pero cargada de una belleza austera y silenciosa. Sus muros, su escala y su carácter industrial se convirtieron en el contrapunto ideal para las piezas de Ruth, creando una atmósfera donde lo humano, lo textil y lo arquitectónico se encontraron sin necesidad de explicaciones.
Mirar hoy estas imágenes es recordar cómo, a veces, los lugares que pasan desapercibidos guardan la capacidad de transformar una idea en algo tangible. Solo hace falta detenerse, observar y dejar que la luz haga el resto.





