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Raíces de Fe nace de un momento de quiebre personal. No habla solo de espiritualidad, sino de una crisis emocional y vital que atravieso, marcada por la depresión y la pérdida de sentido.La paleta de colores apagados y terrosos representa mi estado emocional. Vivo un periodo en el que la luz interior parece ausente y el mundo se percibe denso, silencioso y distante.

La ausencia de color no es una decisión estética, es una traducción directa de ese vacío.La luz que impacta desde detrás de mi figura simboliza un proceso de reconstrucción y recuperación de lo perdido. No me ilumina de frente; acompaña. Permanece incluso cuando no soy capaz de mirarla. Representa la posibilidad de recomponerme sin certezas absolutas.

La sábana blanca envuelve mi cuerpo como símbolo de pureza y esperanza. Expresa el deseo de volver a un estado esencial, limpio, desde el que pueda reconstruirme. No me protege completamente, pero me sostiene.Las dos granadas representan la dualidad interna. Son vida y ruptura al mismo tiempo. Al abrirse, muestran semillas fragmentadas, como una fe dividida en preguntas, pero aún fértil.

Dos frutos, dos fuerzas que conviven: creer y dudar.El bosque y sus raíces invisibles me recuerdan que incluso en la crisis sigo anclado a un origen. Permanezco de pie, vulnerable, en tránsito. La fe, como la sanación, no desaparece: se transforma.

Raíces de Fe es un testimonio visual del presente, un espacio donde la depresión y la duda conviven con una esperanza silenciosa de reconstrucción.


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